TESTIMONIO
De pequeña me inculcaron una religión, la cual continué hasta mi juventud y que nunca en realidad pude comprender bien.
Se hablaba de Dios, de Jesús, de Su madre, María y de los santos, pero nunca pude discernir la verdad. No me sentía ni atrapada ni conmovida por la religión, la cual me resultaba aburrida al no tener ningún contacto real con Dios.
En realidad, yo conocía muy poco de Dios. Lo imaginaba muy lejano y distante en el cielo, si es que había tal lugar y estaba segura de que El no estaba interesado en nosotros aquí y ahora. En verdad, yo no tenía ni idea de que Dios se revelaba a las vidas de las personas. Mi idea era que Dios era algo o alguien imposible de alcanzar y que nosotros estábamos aquí en la tierra luchando por sobrevivir: tener trabajo, un hogar y buena salud. Es decir, vivía un poco programada como la mayoría de la gente, guiándome por principios humanos y terrenales en vez de dejarme guiar por Dios a quien, por supuesto, no conocía hasta el momento.
Pasaron muchos años sin que tuviese una religión o pisase una iglesia. Un día de abril de 1995 tuve un especial encuentro con Jesucristo en mi habitación temprano a la mañana. El Espíritu Santo, quien es el poder de la Santísima Trinidad, me tocó fuertemente en forma repentina e inesperada y me lo reveló. Yo quedé impactada ante semejante visión que nunca antes había tenido.
De a poco me fui interiorizando acerca del Reino de Dios y Su Palabra por medio de agentes humanos que el Espíritu Santo me fue mostrando, a la vez que me guiaba en lo que sería mi servicio a Dios, conforme a los propósitos que tiene con mi vida.
Con posterioridad, mientras iba trabajando para la obra de Dios, tuve otros encuentros con el Señor entre sueños y visiones que no sólo me han convencido acerca de Su existencia y amor a la humanidad, sino que además me han afianzado y dado mayor seguridad y firmeza en mi servicio a Dios.
Jesús les dijo a Sus discípulos con respecto a la venida del Espíritu Santo que se produciría con posterioridad a Su muerte y resurrección:
- “Y cuando El venga, convencerá al mundo de pecado, de justicia y de juicio” (Juan 16:8)
Es decir, tenemos la certeza, la convicción y la suerte de que el Espíritu Santo se manifiesta, se revela a las vidas, convence y mora dentro de aquellos que lo invitan a vivir dentro suyo.
- “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).
En mi caso particular, el Señor me fue buscando, guiando y capacitando en forma paulatina, pues nosotros siempre estamos muy ocupados con las cosas de este mundo como para considerar a Dios, seguirlo y menos aún servirlo.
Con Jesucristo en mi corazón, comencé a tener una visión y una concepción de las personas y del mundo totalmente distintas a las que tenía antes. Siento que tengo un compromiso fuerte para con Dios y una necesidad real de expresar lo que Dios va dictando en mi corazón con la guía preciosa de Su Espíritu Santo para que las personas que no lo conocen o tienen un concepto erróneo de El, aprendan a descubrir al Unico Dios Vivo, no religioso, y a un Jesús, quien es Su imagen visible (Colosenses 1:15) quien es totalmente antitradicionalista, que quiere llegar a nuestras vidas con su genuino e incondicional amor, con el objeto de establecer una relación especial con cada uno; quien dio Su vida por ti y por mí por medio del derramamiento de Su preciosa sangre por total gracia de Dios para que tú y yo fuéramos libres y tengamos vida eterna si lo aceptamos como único salvador de nuestras vidas y si nos confesamos pecadores delante de El.
Veamos que maravillosa y dulce promesa emanada del corazón sublime y tierno de nuestro Dios:
- “Si confesamos nuestros pecados, El es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”. (1º Juan 1:9)
- “Al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre”. (Romanos 16:27)
AMEN!!!
VOLVER